| Mi carrera como piloto comenzó el 14 de diciembre de 1988. Mi 24 cumpleaños. Era un joven sonriente y entusiasta que entró pisando fuerte a su clase de pruebas de un pequeño Piper Tomahawk.
Mi carrera terminó 19 años más tarde el 15 de febrero de 2007. En mis 19 años de carrera piloté numerosos aviones ligeros y 2 aviones comerciales, un turbopropulsado, y un avión de corto alcance.
Mi carrera comercial comenzó el 2 de febrero de 1994. Por esa época yo había sido instructor de vuelo durante los cuatro últimos años. Ya llevaba 2000 horas y había pasado años intentando conseguir un trabajo como piloto comercial. Por fin empezaba mi recorrido comercial.
Pasé dos años volando con un turbopropulsado como primer oficial, consiguiendo ser comandante el verano del 96. Durante ese tiempo era una persona activa y en forma. Jugaba al rugby regularmente, corría tres veces a la semana y hacía pesas. Mi carrera marchaba viento en popa y fui ascendido a comandante instructor un par de años después. Piloté hasta junio del 2001. En ese momento todavía tenía una excelente salud, esperando con muchas ganas el próximo reto, un nuevo modelo de avión.
Deseaba tanto que chocara con nosotros, así el día de servicio terminaría – daba igual cómo. Comencé a pilotar un nuevo avión en julio de 2001. Encontré el nuevo y sensacional avión emocionante y todo un desafío. Ese nuevo modelo de avión le dió a mi carrera el arranque y entusiasmo que necesitaba. Durante los siguientes dos años tuvimos varios episodios indeterminados de humos. Iban desde el simple olor en el avión, hasta una llamada de emergencia con retorno al aeropuerto de salida. Este grave episodio tuvo lugar en abril de 2004. Después del incidente la tripulación y yo tuvimos que acudir al centro médico. Todos fuimos examinados, y toda la tripulación estaba bien, excepto yo. Padecía las consecuencias de la inhalación de humos y químicos. Mis síntomas en ese momento incluían inflamación de garganta, dolor de cabeza frontal, somnolencia y un fuerte aturdimiento general. Casi como una resaca, pero sin toda la diversión previa.
Volví al trabajo un día después. A lo largo de las siguientes semanas y meses comencé a padecer fatiga. No importaba cuanto descansara, estaba completamente exhausto. En algunos momentos me sentía enfermo físicamente a causa de la fatiga. Le echaba la culpa a los duros turnos de trabajo de ese momento. Al final ocurrieron dos cosas. Las dos en el mismo día. La primera ocurrió temprano al final de un sector 4. Comenzó a las 5 am, todavía estaba pilotando a las 3.30 pm. Estaba tan cansado que mi mente empezó a jugarme malas pasadas.
Siendo vectoreado para inicial de la aproximación, un tráfico apareció en la pantalla del TCAS (una indicación de que había otra aeronave cerca). Deseaba tanto que chocara con nosotros, así el día de servicio terminaría – daba igual cómo. Estuve luchando contra esos pensamientos para mantenerme en mi sano juicio hasta que aterrizamos. Cuando paramos el primer oficial me miró y sólo dijo “no eres tú mismo, quizás necesites un descanso”. Nunca olvidaré esas palabras y le estaré eternamente agradecido por su sinceridad.
Sabía que tenía que hacer algo. Al volver a casa mi mujer me echó un vistazo y me concertó una cita con el médico. Al parecer estaba pálido y demacrado. El médico me dió una baja de cuatro semanas. En la empresa se quedaron muy sorprendidos. No recuerdo mucho de las dos primeras semanas, empecé a mejorar y estaba desesperado por volver al trabajo. Reaparecieron algunos aspectos de mi vida. Recuerdo mirando por mi casa y viendo correo que llevaba semanas sin leer. Los amigos y vecinos me preguntaron dónde había estado los dos últimos meses. Había estado demasiado cansado como para poder llevar una vida normal.
Después de cuatro semanas retorné al trabajo, con entusiasmo y muchas ganas de volver a pilotar. Poco después el cansancio empezó de nuevo. Además de esto, los siguientes tres años comencé a padecer una variedad de síntomas inconexos. Cosas como hormigueo en los dedos, problemas de estómago, hormigueo en el hombro y brazo derechos, problemas de memoria a corto plazo, irritabilidad, cambios de humor y falta de concentración. Cuando hacía ejercicio me dí cuenta de que no podía correr muy lejos, y las mismas pesas parecían mucho más duras de levantar. Simplemente no tenía la energía para entrenar adecuadamente. Le eché la culpa a la edad.
Por aquel tiempo (diciembre 2006) yo era representante sindical. Uno de los compañeros se me acercó en el centro para la tripulación para preguntarme sobre los posibles riesgos sobre la salud de los incidentes de humos. Yo no tenía ni idea, pero le dije que investigaría y que retomaríamos el tema. Durante los días que siguieron, busqué en internet, investigué sobre los síntomas, etc. Mientras lo hacía, recuerdo que pensaba que algunos de estos síntomas sonaban muy parecidos a los que yo sufría. Cuanto más leía, más curiosidad tenía por ver si esto tenía alguna relación con mi situación. Hable con mi AME (Médico Examinador Aéreo), BALPA (Sindicato de Pilotos), e incluso llamé a la CAA (Autoridad de Aviación Civil) para conseguir saber más. Había muy poca información.
Seguí pilotando, sintiendo curiosidad todavía. Al final pedí ayuda a mi médico de cabecera. Ella me envió a hacer un análisis de sangre. Una semana después llegaron los resultados y mostraron la presencia de compuestos organofosforados en mi sangre. ¿De dónde podían venir? Yo no fumaba, no vivía cerca de ninguna instalación química, y no podía pensar en ningún lugar aparte de en mi ambiente de trabajo, donde hubiera podido estar expuesto a tales químicos. Al fin y al cabo había estado pilotando aviones con aire filtrado (bleed air) durante los últimos 14 años y había sufrido varios incidentes de humos.
Otra vez pedí ayuda a la CAA y al BALPA. Y otra vez no me dieron ningún consejo útil. Así que continué volando. Un par de semanas más tarde me ocurrió casi una repetición del día que desencadenó mi último episodio de fatiga.
Estaba exhausto, cometiendo numerosos errores, incluso pregunté 3 veces si se nos había dado la orden de despegue, sencillamente no podía concentrarme o retener información. Me sentía físicamente agotado. El avión que pilotaba tenía un Tech Log (registro de mantenimiento) que decía que era propenso a oler a químicos y como consecuencia las últimas cuatro filas no serían utilizadas por los pasajeros, y el avión podía realizar sólo vuelos de una hora o menos.
Al final del vuelo, el primer oficial me preguntó si estaba bien. Ambos sabíamos que había cometido demasiados errores ese día. Al despertar a la mañana siguiente, otra vez me sentía con resaca, y de nuevo sin la bebida y diversión previas. Sólo sabía que no podía continuar así. Llamé a la CAA para pedir asesoramiento, diciendo que estaba preocupado por los efectos de una posible exposición a humos y las consecuencias que me podría estar causando. Cuando le detallé los síntomas, el doctor me escuchó silenciosamente y luego me retiró del servicio. Mi vuelo del día anterior sería el último.
Durante meses me sometí a pruebas que incluían análisis de sangre, de funcionamiento cognitivo, genéticas de ADN, pruebas del sistema nervioso autónomo. Por último, me fue diagnosticada una encefalopatía tóxica y neuropatía. En resumen, daño cerebral debido a exposición química.
Desde entonces mi carrera ha terminado. Ahora soy un amo de casa. En cuanto a la salud soy una sombra de mi antiguo yo. Todavía entreno (por consejo médico), pero ya no soy el corredor de maratón, jugador de rugby, comandante de instrucción que fui una vez. Prácticamente no tengo memoria a corto plazo. Cada cosa que hago, la hago gracias a una lista que llevo conmigo. Tengo las mismas conversaciones una y otra vez. También me pasan cosas raras. Me pierdo en una ciudad que conozco bien. A menudo subo al coche y no sé adonde voy o por qué. Estoy escribiendo esto y son las 11.55 am. Estoy desesperado por dormir.
Así que esta es mi historia. Muy poca gente entiende lo que el Síndrome Aerotóxico significa. BALPA y las aerolíneas están desesperados por ignorar y distanciarse de cualquier evidencia que asocie los aviones, ya sea en particular con el aire filtrado contaminado, hasta con los efectos en la salud a largo plazo.
Por favor, lee mi historia con una mente abierta y decide por ti mismo. Si investigas un poco más descubrirás que soy uno de cientos de pilotos que han terminado su carrera de forma prematura y totalmente involuntaria a causa de este síndrome.
Testimonio original en inglés
|