|
Pensé que estaba desarrollando Alzheimer. Incluso compré un libro sobre ello, titulado “Salvando tu Cerebro”. Mala memoria, dificultad para encontrar palabras, y períodos de leve confusión señalaban en esa dirección, y mi mujer y yo empezamos a hacer planes para el futuro.
Había tenido infecciones respiratorias persistentes, y estaba desarrollando fatiga crónica, pero pensé que esto era debido a una mala recuperación causada por la edad, de una operación para quitarme un tumor en el seno maxilar. Tuve una enfermedad inexplicable con debilidad extrema, inmediatamente después de un vuelo nocturno, y estuve postrado en cama durante muchos días en mi habitación de hotel, poco después tuve neumonía dos veces.
¿Envejecer era todo esto? ¿Qué había pasado con el entusiasmo por la vida que yo tenía? Desarrollé visión doble, que resultó en una remisión al neurólogo, que además descubrió que no tenía sensibilidad al calor por debajo de las rodillas, y observó también el hormigueo en mis dedos.
Los problemas digestivos y una ecografía revelaron posteriormente una úlcera duodenal y tumores sospechosos en el hígado.
Para colmo de males, tuve un ataque de tos después de un vuelo nocturno, que resultó en una pérdida de visión central en el ojo derecho, perdí mi licencia otra vez, así que a un trabajo de tierra mientras recuperaba toda mi visión.
¿Qué está pasando? ¿Me estoy desmoronando? Y por qué un hombre antes activo, que jugaba al tenis regularmente, que toca la guitarra y entretiene; empieza a deteriorarse en salud y rendimiento (me sinceré con la empresa por dormirme en un aterrizaje, y solicité trabajo a media jornada).
¿Fueron los continuos vuelos nocturnos o sólo estrés? Parecía tener buena salud antes de incorporarme a la empresa, habiendo pilotado B767 por todo el mundo, B757 larga distancia, B737 corta distancia, vuelos Charter, MD83, DC9, Viscounts – de todo y sin un rasguño.
Me dije a mí mismo que me estaba haciendo viejo, tuve que admitir que ya no podía más, era hora de dejarlo. Pero me di una oportunidad más, y después de tres meses, cuando recuperé la vista, volví a volar, aunque en 24 horas estaba tosiendo y escupiendo por todas partes. Era demasiada coincidencia, así que fui al médico de la empresa planteándole la pregunta “¿hay alguna forma en la que podamos tomar muestras de aire, y examinar el polvo extraído de los asientos, quizás mi problema sean los ácaros del polvo”.
“Tiene rinitis crónica, y estos aviones se limpian según los estándares industriales, vaya a ver a su médico de cabecera”, fue su respuesta. Como podrán imaginar, no me quedé contento con esto, así que llamé a la CAA (n.t. Autoridad de Aviación Civil) explicando mi problema. El presidente del Comité de Calidad del Aire de los Aviones de BALPA (n.t. Asociación de Pilotos Británicos), que me envió una gran cantidad de información, contactó conmigo posteriormente:
¿Síndrome Aerotóxico? ¿Qué es eso, humos en la cabina, qué humos, qué olor?
Estudié la enorme cantidad de documentación, informes y evidencias médicas, y los presenté a mi GO/MAE, que me refirió a una clínica especializada en toxicidad, y también fui invitado a formar parte de un estudio universitario para examinar la función cognitiva de 27 pilotos.
Los resultados de las exhaustivas pruebas fueron devastadores. Se encontraron en mi sangre enormes cantidades de metales pesados, incluyendo plomo, mercurio más antimonio, arsénico, cadmio, estaño, tungsteno y níquel, y rastros de lindano y nitrosamina (cancerígenos).
Detectaron en mis células grasas cuatro veces y media más que el promedio de diclorobenceno y rastros de organofosfatos. Los análisis de serum revelaron que tenía un daño cerebral agudo y deterioro de las fibras nerviosas en los extremos, en consonancia con una lesión nerviosa provocada por químicos.
El médico que me reconoció, me dijo que parecía estar sufriendo neurotoxicidad inducida por organofosfatos, disfunción de los glóbulos blancos relacionada con el síndrome de fatiga crónica, y problemas de hipersensibilidad asociados a un sistema inmune débil.
El análisis cognitivo mostró “funcionamiento por debajo de lo normal en las pruebas asociadas a la rapidez psicomotora, funcionamiento ejecutivo y atención”.
Así que todo no eran imaginaciones mías.
Manifestaba casi todos los síntomas de lo que ahora se llama Síndrome Aerotóxico, causado por aire contaminado. ¿Así que, qué puedo hacer? El hospital que investigaba me recetó un tratamiento que costaba £12,000, que el plan médico de la empresa no iba a pagar.
Mi decisión fue tomada por mí.
Tuve un auténtico incidente de humos con todo lo que eso implica, y con todas las evidencias, decidí no volar en ese avión nunca más, o estar en un ambiente que me estuviera, por las evidencias que tenía, haciendo daño. Como parte de mi propia investigación inicial, después de recibir la enorme cantidad de información de BALPA, hice mis propias pruebas de contaminación en la cabina, las cuales están siendo documentadas por mi abogado, que está actualmente llevando adelante un caso contra mi anterior empresa por daños personales.
¿Y entonces, ahora qué? Afortunadamente, por una serie de increíbles circunstancias, di con un médico especializado en toxicidad, y él consiguió eliminar todos los metales pesados con un proceso llamado “Terapia de Quelación” en un periodo de seis meses, pero le fue imposible quitar los fosfatos. Los problemas cognitivos son permanentes, pero el síndrome de fatiga crónica está mejorando, y ahora disfruto de mi jubilación en Francia, esperando terminar un musical que empecé hace algunos años, y acabar mi colección de cuentos infantiles.
¿Qué humos, qué olor? Sólo tuve un incidente que fuera obvio, pero parece que los niveles bajos constantes de aire contaminado imperceptible durante un periodo de tiempo, han ocasionado mi problema.
¿Pero por qué yo? Otros pilotos han estado llevando estos aviones y motores sin problemas. ¿Cómo puede ser? Tendremos que dejar eso para futuras investigaciones que, esperemos se inicien siguiendo las conclusiones del comité sobre toxicidad, y otras investigaciones y resoluciones gubernamentales (si tenemos suerte).
Lo que más me indigna, aunque está menguando (probablemente gracias a una mezcla de aire puro y buenos vinos), es que alguien tenía que saber de estos problemas relacionados con el B757. Pero nadie nos habló de los riesgos o los antecedentes de estos aviones, que estaban bien documentados tanto en los MOR (n.t. Informes de Incidencias) como en las evidencias médicas de la tripulación, pilotos y tripulación de cabina incluidos. ¡Quizás pensaron que los burros de carga no importan!
Para proteger la salud de los pilotos, las aerolíneas necesitan instalar inmediatamente en cada avión que utilice aire de los motores (bleed air) en las unidades de aire acondicionado, algún equipo de control que se inspeccione regularmente, parecido al control de la radiación que se hacía para los pilotos del Concorde. ¿Algún día quizás?
Mientras tanto le deseo éxito a la Aerotoxic Association en su cruzada para educar sobre el problema del aire contaminado , y si algún piloto que haya tenido el mismo problema que yo quiere organizar su propio tratamiento, puede contactar conmigo a través de la Asociación.
Un saludo a mis compañeros con los que trabajaba – cuidaros.
Testimonio original en inglés
|