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Testimonio de un Piloto de BAe 146 y F100

Mi marido empezó su carrera de aviación con 11 años en la RAF en el Hastings y el C-130, seguidos por quince años en una empresa de B737 con sede en Suiza. Después de eso decidió que quería tener experiencia en vuelo de aerolíneas y regresó a Reino Unido, pasando 18 meses con el F27, antes de ser trasladado al BAe 146 a finales de 1990. Estuvo dos años en este avión, y luego se pasó al F-100.


“Lo único que quiero es recuperar mi salud.”


Su salud fue siempre muy buena, y se mantenía en forma esquiando y caminando cuando estaba en Suiza, y yendo al gimnasio cuando volvió a Inglaterra. Todo fue bien hasta que se incorporó a la flota de BAe 146 y empezó a tener fuertes dolores de cabeza. Siempre que volvía a casa su uniforme tenía un intenso olor a “avión”. Comentó que el procedimiento estándar para el primer vuelo de la mañana era quemar todo el aceite de motor que se había acumulado en los paquetes de aire acondicionado durante la noche, antes de que los pasajeros subieran a bordo. Él no recuerda ningún incidente específico de humos, pero el 146 siempre tuvo ese olor característico.

En 1992 empezó llevando el F-100, sin embargo, los dolores de cabeza continuaron. Luego comenzó a tener períodos breves de aturdimiento y de falta de aliento. Poco a poco comenzó a estar cada vez más cansado, hasta que todo su tiempo libre lo pasaba recuperándose hasta el siguiente período de trabajo. Se hizo un electrocardiograma y todo estaba normal, pero su presión arterial comenzó a fluctuar. Aún así, se las arregló para pasar sus exámenes médicos de aviación sin que le encontraran problemas. Se atribuyó el cansancio a las largas horas de vuelo.

Los síntomas aumentaron muy poco a poco, a lo largo de los años hasta que, alrededor de 1999, empezó a tener problemas de memoria y se deprimió bastante. En agosto de 2001, durante un examen de simulador no pudo ver uno de los instrumentos, así que se fue al médico de aviación, quien le sugirió que padecía depresión producida por exceso de trabajo. Estuvo seis meses sin trabajar, y le recetaron un antidepresivo que aún lo puso peor. Un médico de la CAA (Autoridad de Aviación Civil) también dijo que era sólo depresión. Como sólo estaba a un año de su 60 cumpleaños, decidió coger la jubilación anticipada.

No estaba contento con el diagnóstico de depresión, así que visitó a varios especialistas que le insinuaron un Alzheimer y posiblemente epilepsia. Encontré increíblemente frustrante que tantos médicos no tuvieran idea de qué es lo que estaba pasando, y fue la casualidad al leer una carta en la revista de BALPA (Asociación de Pilotos de las Aerolíneas Británicas) que suscitó la posibilidad de envenenamiento por humos tóxicos. En 2006 se hizo varias pruebas que demostraron que esta era probablemente la causa de todos sus problemas.

No se le dió ninguna oportunidad de mantener su seguro médico cuando dejó la empresa, lo que siento que estuvo mal, ya que no tenía posibilidad de hacerse una nueva póliza con todos sus problemas. Fuimos afortunados al podernos permitir financiar las investigaciones, pero estoy segura de que hay otros que no tienen tanta suerte. BALPA no nos ha sido de ayuda – sólo es gracias a Tristan y a Susan (GCAQE) (Comisión Mundial de la Calidad del Aire de Cabina) que hemos conseguido algún progreso. No veo demasiadas posibilidades de que mi marido alguna vez reciba una compensación por lo que le ha ocurrido, pero, como él dice, ¡lo único que quiere es recuperar su salud!

De ser una persona en forma y activa, que adoraba la carrera que había elegido, es ahora, a la edad de 65, incapaz de leer o escribir, tiene problemas de memoria, va con los pies vacilantes e inestables, todavía tiene dolores de cabeza y necesita cuidados constantes, porque los efectos sobre su vista le hacen tener dificultades reconociendo su entorno. ¡Gracias a Dios que su sentido del humor no se ha visto afectado!

Creo que su puesta en marcha de la Aerotoxic Association ayudará a muchas personas en el futuro. ¡Gracias!


Testimonio original en inglés