| Siempre he disfrutado de una excelente salud – o más bien disfrutaba, hasta poco después de empezar a pilotar aviones presurizados para ganarme la vida.
El primer tipo de avión presurizado que piloté fue el BAe 146. Me dí cuenta de que el avión tenía bastante mal olor (el llamado olor a “calcetines sucios”) especialmente por las mañanas, pero ya que estaba claro que esto era considerado normal por las tripulaciones más experimentadas, no pensé más en ello.
Para empezar, tuve un excelente estado de salud. Sin embargo, después de unos 18 meses en ese tipo de avión, empecé gradualmente a ponerme mal.
Al principio atribuí mis síntomas a las exigencias de mis turnos, horarios difíciles, y así, e intenté ponerle remedio con vacaciones acumuladas para descansar y recuperarme.
Esto no funcionó y dado que mi estado se deterioró, se hizo evidente que estaba desarrollando un problema médico. En ese momento yo sospechaba que era una infección viral de algún tipo.
Mis síntomas incluían dolor de garganta, dolores de cabeza, dolor en las articulaciones, fatiga constante y cansancio, debilidad muscular, sofocos de calor/frío, mareo leve, aturdimiento, incapacidad para concentrarme, dificultad incluso con tareas simples, y mala memoria a corto plazo. En general, me convertí en mucho menos ágil mentalmente, y esto resultó en una disminución de la capacidad para cumplir con las exigencias de mi trabajo.
Muchas veces era mi triste deber informar de que estaba enfermo, cuando sentía que no era seguro que yo continuara manejando el avión, de lo que dependía la seguridad de, algunas veces, más de 100 pasajeros y tripulación. A menudo esto sería en lugares y momentos incómodos para mi empresa.
Cuando me recuperaba en casa los síntomas disminuían, sin embargo, en cuanto volvía al trabajo, sufría una recaída.
La situación era extremadamente frustrante para mí, especialmente porque estaba a punto de ser comandante, algo que deseaba muchísimo.
Esto no llegaría, y finalmente fui despedido de mi empleo, después de menos de tres años en ese tipo de avión – una prometedora carrera truncada debido a una enfermedad.
Después de este punto me di cuenta que mis problemas podrían haber sido causados por la exposición al aire de la cabina envenenado, aunque no fui capaz de probar esto, así que no me quedó ninguna alternativa.
En ningún momento fui advertido por mi empresa, BAe o CAA, de que el BAe 146 es un modelo de alto riesgo con respecto a la salud de la tripulación y de los pasajeros.
A lo largo de los siguientes años, mi estado mejoró gradualmente, hasta el punto de que finalmente me encontré lo suficientemente bien como para llevar aviones ligeros de nuevo, como instructor, que me parecía menos exigente que volar en una aerolínea.
Mi salud continuó mejorando y un par de años después me aseguré el puesto como primer oficial. Esto significaba llevar aviones presurizados otra vez.
Concienciado sobre el problema del aire de la cabina, escogí esta compañía ya que sus aviones eran casi todos máquinas nuevas, y creía que si realmente mi problema había sido causado por el aire tóxico de la cabina, la posibilidad de que esto se repitiera sería insignificante en un equipamiento tan moderno.
En ese momento mi lógica (que luego resultó equivocada) era que el problema se limitaba sólo a un pequeño número de modelos de los más antiguos.
Completé mi entrenamiento de tierra y vuelo sin problemas. Sin embargo, poco tiempo después de ser puesto en la línea, experimenté un mal funcionamiento en vuelo del sistema de aire de la cabina.
La cabina se llenó de gases visibles y el comandante y yo tuvimos que realizar un aterrizaje de emergencia. Los pasajeros estaban aterrorizados.
Unas horas después del incidente me empecé a encontrar muy cansado, y en unos pocos días me di cuenta de que estaba desarrollando una amplia variedad de síntomas inquietantes.
Esto llegó hasta el punto en el que no me pude presentar al trabajo, e incluía una constante sensación de cansancio, fatiga y somnolencia, necesitando más horas de sueño de lo normal, una sensación de presión constante en la cabeza, dolores de cabeza, realizando numerosos errores de coordinación, con falta de concentración, siendo distraído con facilidad, problemas de memoria, problemas para encontrar palabras, grave debilidad muscular y falta de energía, sofocos fríos y calientes, sensación de vértigo y nauseas, dolores diversos, y en ocasiones un aspecto gris, cetrino, y un desagradable olor corporal.
Ahora ya hace más de un año desde que enfermé otra vez; mis síntomas no se han solucionado y no he podido trabajar. Me han realizado numerosas pruebas médicas, y mientras que algunas no son concluyentes, otras apoyan la idea de que mis problemas se originaron debido a una exposición al aire de cabina contaminado.
También he contactado con un número considerable de tripulantes afectados de manera parecida, y llama poderosamente la atención la similitud del perfil de los síntomas es en los individuos afectados.
También es interesante lo parecido que es este conjunto de síntomas a los que había experimentado con anterioridad, y se añade a mi sospecha sobre la verdadera causa de los problemas médicos de los afectados.
También vale la pena señalar que un factor común entre los pilotos es la demoledora decepción de tener una carrera profesional acabada de forma abrupta y antes de tiempo.
Muchos de nosotros hemos hecho enormes sacrificios personales para convertirnos en pilotos profesionales.
Testimonio original en inglés
|